Saturday, June 4, 2016

Andar conforme al Espíritu


No hay condenación para los que andan conforme al Espíritu

TRADUCCION DEL PASAJE BIBLICO

La mejor traducción para el pasaje de Romanos 8:1-4
            Por lo tanto, ahora no hay condenación para aquellos que están en Cristo Jesús. Lo que no andan conforme a la carne sino conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.  Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.


INTRODUCCION
            La Biblia registra que ha de haber una condenación para este mundo el pecado y Satanás. Sin embargo ¿habrá alguna vía de escape de la cual los pecadores pueden ser librados de tal condenación?  ¿O será que todos los pecadores están confinados a ella?  Este es un tema fascinante y a la vez de suma importancia porque está involucrada la perdición o la vida eterna de cada persona en el universo, sí de cada persona.
            En esta exegesis se analizará la frase: No hay condenación para los que andan conforme al Espíritu. Y en la misma se verá  que el cielo hizo una provisión para el ser humano pecador. Pero el punto principal es que ese pecador sea capaz de reconocer sus pecados y por consecuente aceptar la dirección del Espíritu. Ya que los únicos que serán libres de la condenación son los que anden conforme al Espíritu y no los que anden conforme a la carne. El caminar detrás del Espíritu conlleva un cambio en el individuo y una regeneración en el corazón.




NO HAY CONDENACION PARA LOS QUE ANDAN CONFORME AL ESPÍRITU
                       
            Las palabras registradas en Romanos 8:1 contienen una verdad asombrosa para los cristianos de hoy día. El apóstol dice: ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne sino conforme al Espíritu. Pero ¿por qué Pablo les escribiría esto a los cristianos que habitaban en Roma?  ¿Qué quería él decir con que no hay condenación para los que están en Cristo Jesús? Y ¿Qué significaría andar conforme al espíritu?
            Esta exegesis  se enfocará en analizar la razón por la cual no hay condenación para lo que están en Cristo y lo que significa andar conforme al Espíritu. Estas son dos cosas inseparables porque  la obra del Espíritu es de suma importancia para que alguien permanezca en Cristo, una cosa depende de la otra. Por ende estos dos aspectos son inseparables y merece la pena ser tratados con la importancia que realmente tienen.
             Pablo escribe su carta a los romanos cuando estaba en Corinto durante su tercer viaje misionero de acuerdo al registro en Hechos 20:1-3. Empero no todos los estudiosos de la Biblia aceptan que Pablo haya sido el autor de esta carta y Thomas R Schreiner hacer notar esto él dice que: “Unas pocas escuelas en la historia de la interpretación, especialmente a el fin del siglo IXX, tienen duda de su autenticidad.”[1] Independientemente de que algunos tengan esa duda, esta exegesis acepta a Pablo como el autor de la epístola y una de las razones es que él se identifica en el primer versículo de la misma.
Ahora bien, según el comentario Bíblico adventista “Muchos eruditos ubican esta visita a fines del año 57 y comienzos del 58; pero algunos prefieren una fecha más antigua.”[2] Washington Padilla también concuerda con esta fecha: “Ahora, en el año 58 d. C., se encuentra en la ciudad de Corinto, capital de Grecia a la conclusión de su tercer viaje misionero… Febe, una de las diaconisa de la iglesia de Cencrea, puerto cercano a Corinto, está para partir a Roma ¿Qué mejor oportunidad para enviar una carta a la iglesia de Roma y preparar el terreno para su propia ida de regreso a Jerusalén? El apóstol así lo hace y Febe parte con la carta hacia Roma”[3] No es posible determinar una fecha fija y exacta debido a que la evidencia es escasa y solo se puede basar en presuposiciones. Empero tampoco se puede dar una fecha tardía debido a que después de su tercer viaje misionero el fue tomado preso hasta que muere por el año 64 AD.  Por lo tanto la fecha debe oscilar entre el 57 y 58 d. C.
            Esta es una epístola o carta de carácter ocasional. Pablo nunca había estado es Roma sin embargo él le envía una carta a estas personas. Esto hace que se formulen algunas preguntas tales como ¿Cuál era el propósito del apóstol? ¿Qué él quería lograr con esto? Ya que las cartas que el regularmente enviaba eran a iglesias que había fundado.
Ahora bien, como se sabe, Pablo tenía planes misioneros ambiciosos  “Después de terminar su misión, se proponía visitar a Roma, y desde allí continuar con su viaje a España”[4]  Sin embargo llegar hasta tan lejos requería de apoyo personal pero más que eso apoyo económico. “Para poder llevar a cabo este último propósito, Pablo deseaba estar seguro del apoyo y la cooperación de los creyentes de Roma; por lo tanto, antes de su visita les escribió esta epístola en la que bosqueja con términos vigorosos y claros los grandes principios de su Evangelio.”[5]
             Es claro que el apóstol quería alguna ayuda, por eso escribe esta carta. Pero el no solo se limita a pedir, de hecho la mayor parte de la carta toca temas necesarios para el crecimiento espiritual. Aquí se ve a Pablo ministrando, el no solo se limitaba ministrar a personas que conocía sino también a desconocidos pero que a la vez eran parte de la familia de Dios. En esta carta se tocas temas de suma importancia y claves  en la vida cristiana como lo es el origen del pecado y el sacrificio de Cristo en nuestro lugar.
            Por esa razón, esta carta es muy diferente de cualquier otra que se pueda analizar. Aquí no se trata ningún problema en especifico ni se acusa a un grupo de personas en particular sobre algún asunto sino que se presenta como el pecado a dañado al ser humano comenzando desde Adán hasta nuestros días. Y a su contraparte se presenta la gracia salvadora de Cristo la cual está disponible para todo hijo de Adán que esté dispuesta a aceptarla. Por un hombre entró el pecado, la muerte y desgracia para este mundo. Por otro hombre entró la gracia de Dios y la vida eterna. Este un tema que se resalta a través de toda la epístola.
            Ya que se ha identificado el tema principal de este libro, se procederá a analizar qué fue lo que quiso decir el apóstol con que no hay condenación ninguna para los que están en Cristo Jesús. Lo primero que se puede observar al leer estas palabras es que hay una condenación. En   Romanos 8:3  dice que Dios condenó al pecado en la carne.
            Verdaderamente el pecado  y su originador están  condenado  al lago de fuego, junto con la muerte  como revela Apocalipsis 20: 14. Y también todas aquellas personas que se aferren al pecado serán condenados. Dios no quiere que nadie sea destruido por el fuego y hace todo lo posible para que el hombre se salve, pero lamentablemente muchos no estarás dispuestos a abandonar el pecado y serán destruidos junto con él.
            Las buenas noticias son que los que están es Cristo Jesús no serán condenados. Con respecto a esto Monce  afirmó que “La pena justa incurrida por el pecado de la raza humana fue pagada por la muerte de Cristo. Ahora todos los que están en Cristo son los beneficiarios de ese perdón.”[6]  Con la muerte de Jesús en la cruz se pagó la deuda del pecado por eso mediante su muerte podemos tener vida eterna y evitar esa condenación. En este aspecto Roy Harrisville dice: “estas palabras nos enseñan en el contexto de la justificación que no hay condenación sino perdón del pecado”[7] también se puede observar que según Thomas Schreiner  “La razón de que los creyentes no están bajo condenación es porque han sido liberados de la tiranía de la ley, para que el dominio del pecado no caiga sobre los que bajo la ley. Estas palabras nos preparó una vez más en el contexto de la justificación”[8]
            Cristo es el único que nos puede librar, no hay nadie más a quien se pueda acudir en busca de socorro y auxilio. Porque no hay otro nombre debajo del cielo dado a los hombres en el cual podamos ser salvos. Con respecto a esto Schreiner dice que:
 “El versículo 1 da señales de una nueva era de la historia de la salvación, en la que se están cumpliendo las promesas del pacto de Dios, cuando su gente está disfrutando de la libertad de la condenación que Dios prometió. Es una bendición pertenecer al pueblo de Dios, porque Dios tomó sobre sí el castigo que merecían su pueblo, y el espíritu se ha dado para que el pueblo de Dios mantenga la Ley.”[9]
Por lo tanto se puede afirmar con certeza que el pecador es libre de condenación. Teniendo en cuenta esto Harrisville hace el siguiente señalamiento: “La  exoneración de la condenación divina que reciben los creyentes es algo que se aplica sin excepción ni cualificación. Se concede a los que están en Cristo Jesús, en fin a todo cristiano verdadero”[10]. En otras palabras la liberación de la condenación del pecador está disponible para cada persona, pero solo a los que realmente quieran aceptar la provisión.
            Estar en Cristo no es simplemente que alguien diga que es cristiano, conlleva algo más que eso. Es permitir que Cristo sea quien dirija la vida del individuo, someterse completamente a la voluntad de Dios.  Significa ser un discípulo de Jesús lo cual conlleva seguir las pisadas de su maestro y cumplir con la misión dada en mateo 28: 16-20 de ir a predicar el evangelio a otros y hacerlos discípulos. Estar en Cristo es reflejarlo ante las demás personas, que otros digan al igual que la sierva del sumo sacerdote le dijo al apóstol Pedro: hasta tu hablar te denuncia que has estado con Jesús. En fin,  estar en Cristo significa apartarse completamente de las obras pecaminosas de la carne y seguir al Espíritu, por donde quiera que vaya.
            Ahora bien el secreto para poder estar en Cristo Jesús es andar conforme al Espíritu. Pero para que se comprenda que es andar conforme al Espíritu es necesario que se defina quien es el Espíritu. No se hará un estudio profundo para definir su identidad ya que el espacio no nos alcanza para tanto. Pero si es necesario resaltar algunos puntos clave. En primer lugar según algunas personas como los Testigos de Jehová creen que es la fuerza activa de Dios, y que no es una persona distinta. Otros como los Adventistas del Séptimo Día creen que es la tercera persona de la Deidad. No trataremos de resolver este dilema solo presentaremos la obra que el Espíritu hace y que significa estar en el Espíritu.
            El Espíritu realiza una infinidad de funciones en la vida de la persona, para que pueda estar  unida a Cristo. Harrisville señala que: El espíritu nos da entendimiento por lo que hizo Jesús por nosotros en la Cruz, es quien nos somete bajo el señorío de la cruz de Cristo, es el poder de Dios por el cual nosotros creemos”[11] Lo que Jesús hizo en la cruz a favor nuestro fue trascendental y el Espíritu se encarga de aclararnos esa obra en nuestras mentes. Por otra parte este Espíritu fue mismo que levanto de los muertos a Jesús Romanos 8:11. Por ende no es cualquier persona o cosa, es alguien bien poderoso, y si tubo poder para resucitar a Cristo, como no será posible que también vivifique nuestros cuerpos mortales, Romanos 8:11.
            También es digno notar cómo se traduce esta frase en la versión inglesa King James , allí en lugar de decir los que andan conforme al Espíritu dice los que caminan después del espíritu o detrás del Espíritu. El griego usa el verbo: peripatusin  que significa andar o caminar. Y esa traducción le da un matiz un poco diferente pero más enfático, presenta un punto de vista que tiene relevancia y puede ser aplicable. Ya que existe una semejanza en andar y caminar detrás de, y estas dos palabras se pueden usar de manera intercambiable. Porque cuando alguien camina o anda detrás de una persona significa que está siguiendo sus huellas, dondequiera que esa persona valla él lo sigue. No se deja desviar por las cosas que puedan haber a su alrededor.
            Y esto es vital en la vida cristiana, todo verdadero Cristiano sigue las pisadas de su maestro. No permite que lo distraigan los placeres y deseos mundanales. Cuando el pecado lo asedia a su puerta dice no, porque eso es contrario a seguir al Espíritu. Se somete por completo a la dirección, a tal punto que llega a tener la experiencia de Felipe uno de los siete diáconos al cual el Espíritu le hablada y le decía que era lo que debía hacer.
            También el andar conforme al espíritu involucra apartase de los deseos de la carne Romanos 8: 4 que son adulterio, fornicación, inmundicia lascivia, idolatría, hechicería, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgias Gálatas 5: 20, 21 y todo tipos de pecados asquerosos y desagradables a la vista de de un Dios santo y amoroso. Y a su contraparte se debe producir el fruto del Espíritu que es: gozo, amor, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza. Esto es imposible que por nosotros mismos lo podamos hacer, ya que vivimos en un mundo contaminado por el pecado y nos place lo malo. Pero para los que se dejan guiar no les es imposible porque Dios da fuerza para vencer.
            También el Espíritu da testimonio a nuestros espíritus de que somos hijos de Dios y si hijos también herederos Romanos 8:17.  En cierta ocasión Jesús le dijo a los fariseos: ustedes son hijos de vuestro padre el diablo y solo sus obras quieren hacer. Por estas palabras podemos ver que no todos son hijos de Dios, también hay hijos del Diablo. Somos hijos de Dios si andamos conforme al Espíritu.  Este representante que Jesús dejó antes de ascender al cielo  nos habla a nuestros corazones diciéndonos que es lo correcto para nuestra vida, nos confirma nuestro llamado a ser hijos de Dios y nos reafirma que somos sus hijos.



CONCLUSION
            Dios ha sido maravilloso con la raza caída, porque aun sin merecerlo él nos ha amado y dado una segunda oportunidad. El no quiere que nadie se pierda sino que todos procedan al arrepentimiento. Tan solo debemos aceptar la dirección del Espíritu en nuestra vida. Porque como ya se ha visto en el desarrollo de este análisis. Solamente el que acepte la dirección del Espíritu ha de ser salvo.
            La condenación es inminente, no hay nada que la detenga y al igual que las vírgenes hay que llenar las lámparas de aceite con la provisión divina. En este mundo solo existen dos caminos la salvación y la perdición. Muchas personas dicen que ellos no están ni con Dios ni con el Diablo pero si alguien no es de Cristo automáticamente pertenece al otro grupo. Pero aun así Dios no se da por vencido con nadie y por eso envió su Espíritu para que hable a nuestros corazones y nos haga entender cuál es el camino por el cual debemos seguir. El resultado final dependerá de la respuesta de cada persona.


BIBLIOGRAFÍA
Harrisville, Roy A. Romans. Minneapolis, Minn.: Augsburg Publishing House, 1980.
Kasemann, Ernest. Commentary on Romans. Grand Rapids, Mich.: Wm. B. Eerdmans Publishing             Co., 1980.
MacArthur, John. Romanos. Traducido por John Alfredo Bernal. Grand Rapids, Mich.: Editorial             Portavoz, 2002.
Mounce, Robert H. Romans. Edited by Ray Clendenen. Nashville, Tenn.: Broadman & Holman   Publishers, 1995.
Murray, John. The Epistle to the Romans. Grand Rapids, Mich.: Wm. B. Eerdmans Publishing      Co., 1959.
Nichol, Francis D., et al, eds. The Seven Day Adventist Bible Commentary, volume 6.         Washington, D.C. Review and Herald Publishing Association, 1957.
Padilla, Washington. Romans. Grand Rapids, Mich.: Editorial Portavoz, 2000.
Schreiner, Thomas R. Romans. Grand Rapids, Mich.: Baker Publishing Group, 1998.
Stott, John R. W. R. Romans. Downers Grove, Ill.: Intervarsity Press, 1994.







[1] Thomas R Schreiner. Romans. (Grand Rapids, Mich.: Baker Publishing Group, 1998), 2.

                  [2]  Francis D. Nichol., at al, eds. The Seven Day Adventist Bible Commentary Volume 6. ( Washington, D. C. Review and Herald Publishing Association, 1957), 467.

[3]  Washington Padilla. Romanos. ( Grand Rapids, Mich.: Editorial Portavos, 2000), 11.

                  [4]   Ibid 468
                 
                  [5]  Ibid 468

                  [6]  Robert H. Mounce. Romans. Edited By Ray Clendenden. ( Nashville, Tenn: broadmand & Holman Publishers, 1995), 174.

[7]  Roy A. Harrisville. Romans. (Minneapolis, Minn.: Augsburg Publishing House, 1980), 117.


                  [8]  Thomas R Schreiner. Romans. (Grand Rapids, Mich.: Baker Publishing Group, 1998), 398.

                  [9]  Ibid, 397.

                  [10] Roy A. Harrisville. Romans. (Minneapolis, Minn.: Augsburg Publishing House, 1980), 118.


                  [11] Ibid, 122.

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