CRISTO EN EL SISTEMA DE SACRIFICIOS
EN EL SANTUARIO
INTRODUCCION
La doctrina del santuario es clave en la
creencia de los adventistas del Séptimo día. Por lo cual la comprensión clara
de la misma abre nuestras mentes para comprender el ministerio que Cristo está
realizando ahora mismo en el lugar santísimo del santuario celestial. El
santuario terrenal era sombra del verdadero tabernáculo así que para entender
la obra que Cristo hace en nuestro favor, debemos saber que era lo que se hacía aquí en
la tierra. Y es el propósito de esta investigación presentar el ministerio en
el lugar santo y en el lugar santísimo del santuario y ver como todo esto se
relaciona con Jesús en el plan de la salvación. A la misma vez nos anima a que nos
acerquemos confiadamente al trono de la gracia para hallar misericordia para el
oportuno socorro.
CRISTO Y EL MINISTERIO DIARIO
DEL SANTUARIO
Después que
el pecado entro en el mundo la comunicación con Dios se tronchó. El ser humano
debía morir como consecuencia de su pecado. Empero el día que ellos pecaron no
murieron literalmente, pero alguien murió en su lugar; un cordero inocente, en
representación de Cristo, que un día moriría a fin de rescatar al hombre. De
ahí en adelante, se empezaron a realizar sacrificios de animales, lo cual era sombra, de lo porvenir. Y a
través de los años, tanto Adán, Eva y sus hijos, ofrecían sacrificios. Esto
también se vio en la vida de Abraham, Isaac y Jacob, preparando el camino hacia
el santuario. Muchos de los escritores y seminaristas cada vez que presentan
esta doctrina, toman como punto de partida las palabras:
“Y me harán un
santuario y habitaré en medio de ellos.”[1]
Sin embargo
la primera vez que se hace mención del santuario es en Éxodo 15:1, y de
ahí en adelante la vemos en el resto de la sagrada escritura. Lo primero que se
puede observar como propósito del santuario es que: Dios iba a morar entre su
pueblo. Si bien es cierto que Dios está en todos los lugares, y que no está
limitado por el tiempo y el espacio; él quería morar en medio de su pueblo de
una manera especial. Y otro propósito del santuario es que a través de toda esta simbología:
“En ese lugar el pueblo aprendía
el camino de la salvación.”[2]
Al estudiar lo que la Biblia nos presenta ponemos afirmar la existencia de
un santuario en la tierra el cual era
figura y sombra del verdadero santuario que hay en el cielo. La doctrina numero
24 de los adventistas del séptimo día nos dice lo siguiente:
“hay un
santuario en el cielo, el verdadero tabernáculo que el Señor erigió
y no el hombre. En el ministra Cristo a favor de nosotros, para poner a
disposición de los creyentes los beneficios de su sacrificio expiatorio
ofrecido una vez y para siempre en la cruz”[3].
Este santuario debía ser una réplica exacta;
el mismo Señor le dijo a Moisés:
“mira y hazlos conforme al modelo que te ha
sido mostrado en el monte”[4].
Y por
ende el hizo todo como Dios se lo mostró. Otro aspecto que podemos visualizar
es que el santuario tenía ciertos
compartimientos para hacer los ritos correspondientes. Estaba dividido en
varias secciones: en primer lugar tenemos el atrio donde se encontraba el altar
del holocausto y la fuente de bronce. El lugar santo donde estaba la mesa de
los panes de la proposición, un incensario de oro y un candelabro y la tercera
parte era el lugar santísimo donde hablaremos con más detalle; se hallaba el
arca del pacto, donde había una urna que contenía la vara de Aarón que
reverdeció, las dos tablas de piedra que tenían grabados los 10 mandamientos escritos con el dedo de Dios y parte del mana.
Y cada uno de estos muebles tenía su representación y significado. Ahora nos
concentraremos en la obra que se realizaba diaria o continuamente en el lugar
santo y el atrio y veremos cómo se relaciona todo esto con Jesús. La primera parte que mencionábamos es el atrio allí se llevaban
a cabo los sacrificios y los holocaustos
como ofrenda voluntaria y ofrenda por el pecado. La Biblia nos dice.
“Entonces degollara el becerro en la presencia
de Jehová; y los sacerdotes hijos de
Aarón ofrecerán la sangre, y la rociaran alrededor sobre el altar, el cual está
a la puerta del tabernáculo de reunión”.[5]
Esta ofrenda voluntaria no debe confundirse
con la ofrenda por el pecado que esa si era requerida cuando la persona pecaba.
Después que un individuo cometía un pecado tomaba un corderito y lo traía al
santuario. El pecador reconocía que por sí mismo no podía hacer nada para
librarse de su pecado ahora traía un
animal inocente en representación de el Hijo inocente de Dios que un día daría
su vida en rescate por el pecador. Acto seguido la persona colocaba sus manos
sobre la víctima
“el acto de colocar las manos sobre la cabeza
de la victima en un rito común por medio
del cual se efectúa la sustitución y trasferencia de los pecados”[6].
Luego de esto el sacerdote ponía sangre en los
cuernos del altar que era la parte más
alta dirigida hacia arriba conectando así al pecador con el perdón de Dios
haciendo esta conexión vertical. En el
altar podemos ver una representación de la cruz donde Jesús.
“El verdadero cordero de Dios que quita el
pecado del mundo”[7]
Fue
inmolado por nuestros pecados ofreciendo así su propia sangre ante Dios. Cada
sacrificio que se hacía, cada corderito que se sacrificaba, cada gota de sangre
que caía al suelo apuntaba a la cruz. Por lo cual podemos afirmar con certeza
que.
“en los sacrificios ofrecidos en cada altar se
veía al redentor”
El otro mueble que se hallaba en el atrio es
conocido también como lavacro la Biblia nos dice que era de bronce y el
sacerdote antes de entrar el santuario debía lavarse las manos y los pies
dejando todo la impureza allí que representa el pecado. Este simbolismo lo
podemos entrelazar con el bautismo.
Cuando una persona hoy día acepta a Jesús como
su salvador y pide perdón sinceramente por sus pecados es perdonado, y por ende
entra en las aguas del bautismales siguiendo el ejemplo de su Maestro que
cuando estuvo aquí en la tierra fue bautizado, no porque tuviera pecado sino
para dejarnos ejemplo de lo que debíamos hacer,
también;
“en el
lavacro del agua se indica el paso siguiente, el de la santificación. Mediante
estos símbolos Cristo nos es hecho por Dios: justificación, santificación y
redención”[8].
La santificación
es un proceso que dura toda la vida una lucha constante contra el mal. Una
proceso mediante el cual nuestro carácter se va asemejando a la imagen de Dios
de tal manera que estemos preparados para recibirle cuando el venga.
Por lo
que hemos podido ver el pecado se
trasfería al santuario y a su sacerdocio acumulándose día tras día en el lugar
santo por lo tanto debía hacerse una obra de expiación y purificación por el
santuario. Pero ¿en qué consistía esto? Y ¿Cómo se purificaba el santuario? A
estas y otras preguntas más le daremos respuesta en el siguiente capítulo.
CRISTO Y EL MINISTERIO ANUAL
DEL SANTUARIO
En la
primera parte presentamos el ministerio en el lugar santo ahora se presentará en
el lugar santísimo o segundo apartamento del santuario. Cualquier sacerdote no
debía entrar a este lugar solamente el sumo sacerdote era el que podía y no
todos los días; observemos lo que Dios le dijo a Moisés:
“Di a
Aarón tu hermano que no en todo tiempo entre en el santuario detrás del
velo”[9].
El velo era la cortina que separaba el lugar
santo del santísimo. Solamente una vez en el año
“En el
mes séptimo a los diez días del mes.”[10]
Se
llevaba a cabo este día de expiación. Un estudio cuidadoso del ritual que se llevaba a cabo muestra que la
purificación era por el santuario y no por el pecador.
Las
personas durante el año habían tenido oportunidad de arrepentirse y llevar su
ofrenda y en todo ese tiempo los pecados se habían transferido al santuario y a
su sacerdocio, por lo cual debía ser purificado.
“Y casi
todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no
se hace remisión.”[11]
Esta ceremonia
requería dos machos cabríos, luego de haberse suerte y era uno para Jehová y
otro para Hazazel. El que correspondía a Jehová era sacrificado, el sumo
sacerdote tomaba su sangre y la introducía al lugar santísimo y rociaba con su
dedo en el propiciatorio que era la cubierta del arca, en la misma presencia de
Dios y de esta manera se purificaba el santuario de todas las impurezas que se
habían estado acumulando. Luego que se
terminaba esta parte, se introducía al otro chivo; Azazel. Con respecto a este
nombre ha habido muchas interpretaciones
sin embargo podemos afirmar que era un simbolismo de Satanás por mucha razones
una de ellas la podemos ver en el mismo contexto que dice literalmente: uno
para Jehová y otro Azazel y tampoco se
sacrificaba por lo cual no se podía obtener perdón.
“Según estudios Azazel significa dios fiero o
dios macho cabrío un símbolo viviente y sorprendente del demonio o príncipe de
este mundo, a quien otros pasajes identifican como Satanás o diablo.”[12]
El sumo sacerdote
ponía la mano sobre este chivo y transfería todos los pecados a este animal
luego se designaba a alguien para que lo llevara al desierto a un lugar
solitario para que muriera.
Como
decíamos al principio la Biblia presenta la existencia de un santuario en el
cielo en el cual Cristo es el sumo sacerdote y en estos momentos está haciendo
la obra de expiación por el pecado que se realiza a través de un juicio que no
es más que un estudio minucioso de lo que ha sucedido. Ya el cordero correspondiente
a Jehová fue muerto en la cruz haciendo la expiación.
Y durante este tiempo de juicio se decide el
destino de los hombres, como resultado se define quien de los hombres se
salvará. Después que Jesús termine esa obra de intercesión ya no hay más perdón
“Y así
como el sumo sacerdote al quitar los pecados del santuario, los confesaba sobre
la cabeza del macho cabrío emisario, así también Cristo colocará todos los
pecados sobre Satanás, autor e instigador del pecado.”[13]
El fue el
que lo origino por lo tanto deberá cargar con esa responsabilidad. Todos los
pecados de los creyentes caen sobre él y los tendrá que pagar
“En el lago de fuero
y azufre.”[14]
Otro aspecto más que podemos ver aquí es la
prisión milenaria de Satanás descrita
en el libro de Apocalipsis capitulo 20. Así como se llevaba el chivo por una soga al desierto el enemigo será
confinado a este mundo desolado, destruido
por las plagas que caerán sobre la tierra y sin ningún ser humano vivo para tentar, estará atado por una cadena de
circunstancias.
“Se le
concederá finalmente al diablo el mundo por cuyo dominio tanto trabajó, pero
arruinado y deshabitado tal como lo dejó, y como había estado antes que se
manifestase la mano creadora de Dios. Y posteriormente será destruido con todos
los demonios y pecadores para siempre y Dios gobernará con sus hijos por toda la
eternidad en un mundo sin pecado sin sufrimiento ni dolor. Hoy vivimos en el
gran día antitífico de la expiación. Así como se requería que los israelitas afligieran sus almas en
ese día, del mismo modo Dios llama a su pueblo a experimentar un arrepentimiento de
corazón. Todos los que desean retener su
nombre en el libro de la vida deben arreglar sus cuentas con Dios y con sus
semejantes durante este tiempo en que se realice el juicio de Dios”[15].
En el
santuario podemos ver el plan de salvación hecho por Dios a favor del pecador a
fin de rescatarle de su condición caída.
En este
breve resumen hemos se ha presentado de una manera sencilla y clara la doctrina del santuario desde una
perspectiva Cristo céntrica, porque en Jesús se ve el cumplimiento de todos
estos sacrificios de animales. No había otra manera de salvar al hombre la
única era la muerte expiatoria en la cruz.
Por lo tanto debemos apreciar la
obra del santuario que es de suma
importancia para la salvación del hombre. A través del mismo podemos ver ese
plan planificado por Dios a favor del individuo. El ser humano se ha apartado de Dios siempre ha estado
huyéndole pero aun así Dios lo sigue llamando y ofreciéndole el perdón a través
de su sacrificio.
BIBLIOGRAFIA
Asociación Ministerial de la Asociación General:
Creencias de los Adventistas del
Séptimo Día.
Publicaciones Interamericanas, Nampa, Idaho, 2006.
White, Elena G.
Cristo en su santuario. Florida Oeste Buenos Aires: Asociación
casa editora sudamericana, 1979.
Japas, Salim:
Cristo en el santuario. Mountain View, California: Publicaciones
Interamericanas,
1980.
Santa Biblia RVR 196: Nashville
Tennessee: Holman Bible Publishers, 2000.
Treiyer, Alberto R: Las promesas gloriosas del
santuario. Siloam Springs, Arkansas:
Creation
Enterprises International, 1994.
[1] Éxodo 25:8
[2] Creencias de los Adventistas del séptimo día pag.349
[3] Creencias de los Adventistas del séptimo día pag.348
[4] Exodo 25:40
[5] Levitico 1:5
[6] Creencias de los Adventistas del Séptimo Día pág. 352
[7] Juan 1:29
[8] Cristo en el santuario pág. 21
[9] Levitico 16:2
[10] Levitico 16:29
[11] Hebreos 9:22
[12] Las promesas gloriosas del santuario pág. 126
[13] Cristo en el Santuario pág. 78
[14] Apocalipsis 20:10
[15] Creencias de los Adventistas del Séptimo Día pág. 364
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